EL HOMBRE JAPONÉS QUE SILBABA EN BUENOS AIRES
Written on Jun 01, 2009 // Letras, Mundo, Tango.La existencia es muy especial. Nacer y vivir es toda una experiencia, si cada persona contara la propia…

Cada persona que existe ya tiene determinado desde siempre lo que le sucederá: a quién conocerá, qué es lo que le tocará presenciar, que sucesos súper atesorables le llenarán, qué sufrimientos atravesará. Es una verdad implacable.
Un espectáculo escénico es un suceso SUCESO. Desde los olvidables fácilmente hasta los que transforman a dos o tres o más individuos para siempre.
Siempre verán los espectáculos que se creen en el mundo mientras éste dure las personas que ya están elegidas para ello, ni más ni menos.
Por que la vida tiene su gran trama que las personas no alcanzan a entender en el presente, sino casi siempre en otro momento lejano.
Así la vida es curiosa, ilusiones… cosas intangibles que se desean sean atrapables y coleccionables en jaulas, pero no.
Recuerdo una de esas intangibles muy especial.
Un extranjero. Un país ajeno, un lugar lejano a donde uno nació y creció y se formó, otra geografías, otro latir. OTRO CLIMA.
Un extranjero en invierno porteño en viaje de estudios. La ciudad de la nostalgia y del tango. Cosmopolita, sucia, grande. Buenos Aires Argentina.
Un extranjero caminando por una de las calles mojadas de agua helada y cubierto de absolutamente todos los suéteres, chamarras y bufandas que ha llevado consigo; pensativo, temeroso, cansado, extrañando la seguridad de su lugar propio por derecho de nacimiento. Lejos lejos lejotes.
Sumido en sus cavilaciones tratando de comprender lo que la vida le dá, diciéndose que está en el lugar correcto porque es lo que quiere en verdad y no hay por que temer, y bue….
De pronto aparece el hombre oriental.

El lugar donde nació Marcelo Bernadáz, lo acompañé a visitar a su familia y sobre todo !su trabajo de locución en la radio local!. Estoy frente a un mural en la calle.... ¿y de que? de tangoooo
Con dos niños orientales (¿sus hijos?) de 10 y 11 años aprox., niño y niña El hombre de traje y gabardina muy Nueva York y un portafolios negro en la mano. Los niños con uniforme escolar caminando presurosos detrás del hombre sin llegar a alcanzarlo nunca.
El chiste de todo esto es que el hombre silbaba. Pero por desgracia o por cosas de la vida que regalaba ese momento sin poder conservarlo más que en la memoria, el extranjero que caminaba junto a ese sujeto no traía una grabadora ni ningún artefacto para poder grabar esa, la más hermosa melodía silbada. Tal vez la lejanía de casa provoca que la gente sea mucho más sensible a las simples cosas y ese silbido ni era tan…. No no no no no no ¡!! Si era demasiado hermoso, como entre nostálgico y alegre, como entre canción de cuna y triste.
El extranjero vio pasar a estas personas como una exhalación y él no llevaba prisa pero quedó atrapado de inmediato por ellos.
Como un imán comenzó a seguirlos, como el flautista de Hamelin. Se vió tentado incluso a detener al hombre y preguntarle qué silbaba… pero que tontería, que iba a pensar ese oriental…
¿¿¿ Y si no hablaba español???
Pues el momento se iba como agua pero el extranjero quiso alargarlo lo más posible, el tenía que doblar en la esquina para llegar a su cuarto alquilado pero el hombre y sus niños siguieron derecho y…. El extranjero siguió detrás de ellos y ahí iban los cuatro. Fue un lindo momento.
Se acabó. Era una locura seguirlos indefinidamente así que el extranjeraxo se detuvo y los vió alejarse y el hombre nunca dejó de silbar hasta perderse de vista. Los niños todo el tiempo mirando el suelo.
Esto sucedió en la calle Rodríguez Peña casi esquina con Bartolomé Mitre a pocos pasos del Congreso en el micro centro de Bayres. Allá por el lejano octubre del 2006

















